Preludio de una cita.

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Dejé mi velero anclado en la bahía.
Con las manos en los bolsillos y en la espalda una mochila, voy silvando una melodía. Me dirijo al pueblo en busca de ti.

He agotado las páginas de la imaginación. Te creo de pelo corto, ojos de aceitunas maduras, una manzana en tu boca y de baja estatura.

En la estación del autobús, vestida de azul cobalto estabas tú.
Mis brazos se abren para abarcar tu cintura. Corro y corres a mi encuentro como esas películas de amor y aventura. Nos llenamos de ayer.
-Tranquilo, hombre, tranquilo.  Una voz y un paño frío sobre la frente me despiertan.
-Además de recibir una bienvenida a este caluroso pueblo, usted ha sufrido una alucinación.



Continuará
8 comentarios:

¿Estas allí? Entra...la puerta está abierta.

  1. La musa ha entrado por las ventanas de mis ojos.
    Alguien me dice que ella no es de fiar...
    Pero los marineros y los escritores somos tercos.

    Los espero,

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  2. desde la madrugada escribo
    me ha gustado tu blog

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    1. Oh insomnio que hace cosas.
      Gracias por leerme RECOMENZAR

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  3. Las musas suelen ser esquivas y caprichosas, Roberto, mejor no confiarles el rumbo del todo ni del viaje ni de la inspiración.

    Eso sí hay dejarlas que entren en cuanto aparecen, pueden hacerlo por las ventanas de los ojos, como en tu caso, pero también se cuelan entre los sonidos, los olores y, sobre todo, entre las duermevelas y las alucinaciones. Ahí te sususurran las más exóticas historias.

    Me gusta leerte y seguir tu viaje, marinero.

    Un beso

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    1. Es un encanto ver tus fotos y leer lo que escribes.

      Media docena de besos Tesa 😙

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  4. ¿Será mejor quedarse dormido?
    Hay alucinaciones que son mejores que las realidades.

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    1. Depende del sueño y quien nos despierte. :-)

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  5. Dicen que son necesarias las musas, seguramente, pero sin duda que ademàs hay que insistir y trabajar duro para que las letras se hagan presentes. Un beso

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